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X Domingo Ordinario

06 de junio de 2021
X Domingo Ordinario
MONICIÓN DE ENTRADA
Queridos hermanos, sean bienvenidos a este momento de encuentro íntimo con el Señor. Abramos nuestra mente y nuestro corazón a Jesucristo, muerto y resucitado, ante quien nos congregamos, no porque seamos muy santos, sino porque necesitamos de él, necesitamos de su palabra, de sus enseñanzas, pero sobre todo de su amor; ese amor que nos da con locura y sin límite sin importar nuestras debilidades o defectos. Pongámonos de pie para iniciar nuestra celebración.
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 26, 1-2
El Señor es mi luz y mi salvación ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen.
Canto de entrada

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
SALUDO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
Hermanos; para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
(Silencio)

Tú que eres el camino que conduce al Padre:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Tú que eres la verdad que ilumina los pueblos:

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Tú que eres la vida que renueva el mundo:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén
GLORIA

ORACIÓN COLECTA
Señor, Dios, de quien todo bien procede, escucha nuestras súplicas y concédenos que comprendiendo, por inspiración tuya, lo que es recto, eso mismo, bajo tu guía, lo hagamos realidad. Por nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén
Tomen asiento daremos inicio a la:
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Dios le dio al hombre la libertad de elegir, esto implica también vivir las consecuencias de esas elecciones. En la lectura que escucharemos a continuación, se nos describirá lo acontecido después de que hombre y mujer han decido preferir su propio plan antes que el plan de Dios. Escuchemos con atención.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis 3, 9-15

Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: "¿Dónde estás?". Éste le respondió: "Oí tus pasos en el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí". Entonces le dijo Dios: "y quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?".

Respondió Adán: "La mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto del árbol y comí". El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Por qué has hecho esto?". Repuso la mujer: "La serpiente me engañó y comí".

Entonces dijo el Señor Dios a la serpiente: "Porque has hecho esto, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias salvajes. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; y su descendencia te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón".

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL SALMO
Con el salmo 129, manifestemos nuestra confianza en el perdón de Dios aclamando juntos:
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 129
Perdónanos, Señor, y viviremos
Perdónanos, Señor, y viviremos

Desde el abismo de mis pecados clamo a ti;
Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos
a mi voz suplicante.

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Si conservaras el recuerdo de las culpas,
¿quién habría, Señor, que se salvara?
Pero de ti procede el perdón,
por eso con amor te veneramos.

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Confío en el Señor,
mi alma espera y confía en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
mucho más que a la aurora el centinela.

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Como aguarda a la aurora el centinela,
aguarda Israel al Señor,
porque del Señor viene la misericordia y la abundancia de la redención,
y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades.

Perdónanos, Señor, y viviremos.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos comparte una realidad del ser humano que en algún momento vivimos todos: por un lado la decadencia física y hasta mental y por otro lado el diario crecimiento espiritual. Esto último nos da la esperanza de vivir de mejor forma la gloria eterna. Escuchemos la exhortación del apóstol a poner nuestra mirada en lo verdaderamente valioso.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 13-5, 1

Hermanos: Como poseemos el mismo espíritu de fe que se expresa en aquel texto de la Escritura: Creo, por eso hablo, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.

Por esta razón no nos acobardamos; pues aunque nuestro cuerpo se va desgastando, nuestro espíritu se renueva de día en día. Nuestros sufrimientos momentáneos y ligeros nos producen una riqueza eterna, una gloria que los sobrepasa con exceso.

Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo que se ve es transitorio y lo que no se ve es eterno. Sabemos que, aunque se desmorone esta morada terrena, que nos sirve de habitación, Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
La nueva forma de vida que nos propone Jesús rompe con muchas de las formas en las que se vivía la relación con Dios. Una nueva propuesta que de igualdad y unión entre los analfabetas y los letrados, los pobres y los ricos, a los rebeldes y los recaudadores de impuestos, los asesinos y los devotos, suena sin duda como una locura. Esa universalidad es la nueva familia de Jesús, donde todos somos hermanos e hijos de un mismo Dios. Pongámonos de pie y cantemos Aleluya.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 12, 31-32
Aleluya, Aleluya
Ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Del santo Evangelio según san Marcos 3,10.35
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: "Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera". Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: "¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno".

Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo. Llegaron entonces su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan". Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?". Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Tomen asiento
HOMILÍA


La fuerza sanadora del Espíritu

El que blasfeme contra el Espíritu Santo.

El hombre contemporáneo se está acostumbrando a vivir sin responder a la cuestión más vital de su vida: por qué y para qué vivir. Lo grave es que, cuando la persona pierde todo contacto con su propia interioridad y misterio, la vida cae en la trivialidad y el sinsentido.

Se vive entonces de impresiones, en la superficie de las cosas y de los acontecimientos, desarrollando sólo la apariencia de la vida. Probablemente, esta banalización de la vida es la raíz más importante de la increencia de no pocos.

Cuando el ser humano vive sin interioridad, pierde el respeto por la vida, por las personas y las cosas. Pero, sobre todo, se incapacita para «escuchar» el misterio que se encierra en lo más hondo de la existencia.

El hombre de hoy se resiste a la profundidad. No está dispuesto a cuidar su vida interior. Pero comienza a sentirse insatisfecho: intuye que necesita algo que la vida de cada día no le proporciona. En esa insatisfacción puede estar el comienzo de su salvación.

El gran teólogo Paul Tillich decía que sólo el Espíritu nos puede ayudar a descubrir de nuevo «el camino de lo profundo». Por el contrario, pecar contra ese Espíritu Santo sería «cargar con nuestro pecado para siempre».

El Espíritu puede despertar en nosotros el deseo de luchar por algo más noble y mejor que lo trivial de cada día. Puede darnos la audacia necesaria para iniciar un trabajo interior en nosotros.

El Espíritu puede hacer brotar una alegría diferente en nuestro corazón; puede vivificar nuestra vida envejecida; puede encender en nosotros el amor incluso hacia aquellos por los que no sentimos hoy el menor interés.

El Espíritu es «una fuerza que actúa en nosotros y que no es nuestra». Es el mismo Dios inspirando y transformando nuestras vidas. Nadie puede decir que no está habitado por ese Espíritu. Lo importante es no apagarlo, avivar su fuego, hacer que arda purificando y renovando nuestra vida. Tal vez, hemos de comenzar por invocar a Dios con el salmista: «No apartes de mí tu Espíritu».

Nos ponemos de pie
Credo Niceno-Constantinopolitano
CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL

Dirijamos, hermanos, nuestra oración a Dios Padre misericordioso, con aquella confianza filial que el Espíritu de Cristo ha infundido en nuestros corazones, diciendo:

Padre, escúchanos.

Padre, escúchanos.

Por el santo Padre, el Papa Francisco, para que Dios, que lo eligió como obispo de toda la Iglesia, le conceda una vida larga y feliz y lo asista en la misión de gobernar el pueblo santo de Dios, roguemos al Señor.

Padre, escúchanos.

Por nuestra patria y por sus gobernantes, por todas las naciones y sus responsables: para Que Dios les inspire pensamientos y decisiones encaminados a una paz verdadera, roguemos al Señor.

Padre, escúchanos.

Por los que están en camino de conversión, por los que se preparan a recibir el bautismo o preparan el bautismo de sus hijos: para que Dios, nuestro Señor, les abra en sus sacramentos las puertas de su misericordia e introduzca a los nuevos hijos de la Iglesia en la vida nueva de Cristo Jesús, roguemos al Señor.

Padre, escúchanos.

Por nuestros familiares y amigos enfermos, para que Dios, nuestro Señor, escuche sus súplicas, realice sus deseos y haga que, en su tribulación, experimenten el gozo de la misericordia divina, roguemos al Señor.

Padre, escúchanos.

Padre santo, que has enviado a tu Hijo para libramos de la esclavitud de Satanás, escucha nuestras oraciones y sosténnos con la armadura de la fe, para que en la lucha cotidiana contra el Maligno participemos de la victoria pascual de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACION POR LAS VOCACIONES

Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.

Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Con el pan y el vino presentemos al Señor nuestro trabajo por la construcción de su reino
CANTO DE OFRENDAS

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.

De pie

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Señor, con bondad nuestro servicio para que esta ofrenda se convierta para ti en don aceptable y para nosotros, en aumento de nuestra caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

Es justo y necesario

PREFACIO: Somos hermanos

Queremos dirigirte esta plegaria, Padre santo, y darte gracias de todo corazón. Es justo que todos juntos te demos las gracias, porque nos has hecho una gran familia de hermanos, en la que nadie se puede considerar ni más fuerte ni más hijo tuyo.

Todos somos iguales ante Ti, hombres y mujeres, cultos y analfabetos, blancos y negros, grandes y pequeños, ricos y pobres.

Porque por más que nos cueste creerlo, sabemos Señor que nada te importan nuestras creencias y dogmas, ni nuestro mejor incienso. Desde el fondo de nuestro corazón agradecido te bendecimos, Padre, y junto con tus ángeles arcángeles y todos tus coros celestiales. unidos a todos tus hijos, sintiéndonos hermanos, entonamos a tu mayor gloria este himno de alabanza.

SANTO

Dios y Señor de todos los seres humanos, te agradecemos la presencia en esta tierra de tu hijo Jesús. Nos ha enseñado cómo debemos vivir, sin privilegios, en perfecta igualdad.

Nos ha descubierto que dar y repartir enriquece, que el verdadero amor sólo puede ser gratuito, dándonos sin esperar nada a cambio, que nuestra mayor satisfacción personal la encontraremos en el amor generoso, en sabernos útiles a los demás, en liberarles de sus angustias y problemas.

Nos ha dejado su palabra, pero además ha plasmado el mensaje en su vida, para que lo entendamos bien y no tengamos dudas. Le costó la vida muriendo en una cruz de esclavos.

Consagración del Pan y el Vino

Por eso te suplicamos Señor que derrames tu Santo Espíritu sobre estos dones de Pan y Vino y así se nos conviertan en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo Jesús, nuestro Señor.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.

Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte. Señor, hasta que vuelvas.

Te damos gracias, Dios santo, por el misterio de la vida, muerte y resurrección de tu hijo Jesús. Por él nos hemos sentido hijos tuyos y verdaderos hermanos. Nos has hecho depender unos de otros, y como en toda buena familia, guiados por el Papa Francisco, por nuestro Obispo Carlos y todos los pastores que cuidan a tu pueblo, Obispos, presbíteros y diáconos, los que se ven mayores han de cuidar de sus hermanos más pequeños, y los que más bienes tienen, deben repartirlos con los que menos dones poseen.

Necesitamos tu Espíritu, tu inspiración, tu fuerza, así como lo necesitaron, la Virgen María madre de Jesús, su esposo San José, los discípulos y todos los santos y mártires que han manifestado haber recibido tus dones para ponerlos al servicio de los demás desinteresadamente porque nosotros somos débiles y tendemos a ser irremediablemente egoístas.

Pero seríamos injustos si no reconociéramos los esfuerzos de tanta buena gente que, a lo largo de la historia y repartidos por toda la tierra, han entregado lo mejor de sí mismos en servicio a los demás. Gracias, Padre, por su testimonio.

Gracias también, Señor, por lo poco o mucho que hemos sido capaces de hacer nosotros mismos en favor de los demás. Gracias también te damos por que a nuestros hermanos difuntos les has concedido el descanso en tu amor.

Te ofrecemos el amor desinteresado que nos hemos regalado unos a otros, y sobre todo el amor que nos ha tenido a todos Jesús, el hijo en quien siempre te has complacido.

Amén

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Padre Nuestro
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Padre, líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de todo conflicto, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.
CORDERO

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Antes de recibir a Jesús Eucaristía, digamos juntos la Antífona de la Comunión.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 17, 3

Señor, tú eres mi fortaleza, mi refugio, mi liberación y mi ayuda Tú eres mi Dios.

Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN

REFLEXIÓN

Compartamos con alegría la siguiente oración: Bendito seas, Señor.

Bendito seas Señor, porque en tu Amor nos reuniste para formar nuestra familia. Te damos gracias por vivir juntos. Te pedimos que protejas y conserves nuestro hogar.

Que sus puertas estén siempre abiertas para los que quieran entrar en él y compartir nuestra alegría y amistad.

Enséñanos a aceptarnos como somos, con nuestras cualidades y defectos; a presentarte nuestros planes y sueños; a pedir tu ayuda; a ofrecerte nuestras alegrías y nuestras penas; a recomenzar después de cada caída.

Te pedimos que como miembros de tu Iglesia, sepamos llevar tu mensaje de amor a todos los que nos rodean. Que tu amor nos conserve siempre unidos y en paz.

Amén.

Avisos Parroquiales
AVISOS PARROQUIALES

 

Más información en la página web

 

 

 

De pie
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que la virtud medicinal de este sacramento nos cure por tu bondad de nuestras maldades y nos haga avanzar por el camino recto.

Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

El Señor esté con ustedes

Y con tu espíritu

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

Amén

MOTIVACIÓN A LA SALIDA

Sigamos a nuestro Hermano Jesús.

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

Demos gracias a Dios.

CANTO DE SALIDA

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