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XII Domingo Ordinario

20 de junio de 2021
XII Domingo Ordinario
MONICIÓN DE ENTRADA
Sean bienvenidos a la casa del Señor. No olvidemos que Jesús siempre está con nosotros y nos acompaña en las tribulaciones de cada día. Solo basta creer en Él y en su palabra para sentir su amor y protección. Con fe y confianza iniciamos esta santa misa.
De pie.
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 26, 7. 9
El Señor es la fuerza de su pueblo, defensa y salvación para su Ungido. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre.
Canto de entrada

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
SALUDO
El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
(Silencio)

Tú que eres el camino que conduce al Padre:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Tú que eres la verdad que ilumina los pueblos:

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Tú que eres la vida que renueva el mundo:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén
GLORIA

ORACIÓN COLECTA
Señor, concédenos vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, ya que jamás dejas de proteger a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén
Tomen asiento daremos inicio a la:
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Dios habla a Job desde la tempestad y le revela la trascendencia de su ser y de sus proyectos… Sólo Él es el dueño de la creación y al hombre no le queda más que acatar con humilde obediencia sus misteriosos designios. Escuchemos…
PRIMERA LECTURA
Del libro de Job Jb 38, 1. 8-11

El Señor habló a Job desde la tormenta y le dijo: "Yo le puse límites al mar, cuando salía impetuoso del seno materno; yo hice de la niebla sus mantillas y de las nubes sus pañales; yo le impuse límites con puertas y cerrojos y le dije: 'Hasta aquí llegarás, no más allá. Aquí se romperá la arrogancia de tus olas'".

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL SALMO
Con el salmo 106 agradezcamos al Señor, dirigidos por el coro
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 106
Demos gracias al Señor por sus bondades.
Demos gracias al Señor por sus bondades.

Los que la mar surcaban con sus naves,
por las aguas inmensas negociando,
el poder del Señor y sus prodigios
en medio del abismo contemplaron.

Demos gracias al Señor por sus bondades.

Habló el Señor y un viento huracanado
las olas encresparon;
al cielo y al abismo eran lanzados,
sobrecogidos de terror.

Demos gracias al Señor por sus bondades.

Clamaron al Señor en tal apuro
y Él los libró de sus congojas.
Cambió la tempestad en suave brisa
y apaciguó las olas.

Demos gracias al Señor por sus bondades.

Se alegraron al ver la mar tranquila
y el Señor los llevó al puerto anhelado.
Den gracias al Señor por los prodigios
que su amor por el hombre ha realizado.

Demos gracias al Señor por sus bondades.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
La experiencia del encuentro con Cristo Resucitado ha hecho que Pablo cambie por completo su forma de pensar y de actuar… Desde que fue llamado por Él, ya no se dejará guiar nunca por simples criterios humanos. Pongamos atención…
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17

Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
La escena de la tempestad calmada mientras Jesús parece desentenderse de sus discípulos, nos recuerda que Él nunca nos abandona… Él prometió guiar la barca de su Iglesia a buen puerto, no obstante, las adversidades. De pie, por favor, para escuchar el evangelio.
De pie
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 7, 16
Aleluya, Aleluya
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41
Gloria a ti, Señor.

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla del lago". Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas. De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua.

Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: "¡Cállate, enmudece!" Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: "¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?" Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Tomen asiento
HOMILÍA


Confiar

Apenas se oye hablar hoy de la «providencia de Dios». Es un lenguaje que ha ido cayendo en desuso o que se ha convertido en una forma piadosa de considerar ciertos acontecimientos. Sin embargo, creer en el amor providente de Dios es un rasgo básico del cristiano.

Todo brota de una convicción radical. Dios no abandona ni se desentiende de aquellos a quienes crea, sino que sostiene su vida con amor fiel, vigilante y creador. No estamos a merced del azar, el caos o la fatalidad. En el interior de la realidad está Dios, conduciendo nuestro ser hacia el bien.

Esta fe no libera de penas y trabajos, pero arraiga al creyente en una confianza total en Dios, que expulsa el miedo a caer definitivamente bajo las fuerzas del mal. Dios es el Señor último de nuestras vidas. De ahí la invitación de la primera carta de san Pedro: «Descargad en Dios todo agobio, que a él le interesa vuestro bien» (1 Pedro 5, 7).

Esto no quiere decir que Dios «intervenga» en nuestra vida como intervienen otras personas o factores. La fe en la Providencia ha caído a veces en descrédito precisamente porque se la ha entendido en sentido intervencionista, como si Dios se entrometiera en nuestras cosas, forzando los acontecimientos o eliminando la libertad humana. No es así. Dios respeta totalmente las decisiones de las personas y la marcha de la historia.

Por eso no se debe decir propiamente que Dios «guía» nuestra vida, sino que ofrece su gracia y su fuerza para que nosotros la orientemos y guiemos hacia nuestro bien. Así, la presencia providente de Dios no lleva a la pasividad o la inhibición, sino a la iniciativa y la creatividad.

No hemos de olvidar por otra parte que, si bien podemos captar signos del amor providente de Dios en experiencias concretas de nuestra vida, su acción permanece siempre inescrutable. Lo que a nosotros hoy nos parece malo puede ser mañana fuente de bien. Nosotros somos incapaces de abarcar la totalidad de nuestra existencia; se nos escapa el sentido final de las cosas; no podemos comprender los acontecimientos en sus últimas consecuencias. Todo queda bajo el signo del amor de Dios, que no olvida a ninguna de sus criaturas.

Desde esta perspectiva adquiere toda su hondura la escena del lago de Tiberíades. En medio de la tormenta, los discípulos ven a Jesús dormido confiadamente en la barca. De su corazón lleno de miedo brota un grito: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?». Jesús, después de contagiar su propia calma al mar y al viento, les dice: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?».

Nos ponemos de pie
Credo Niceno-Constantinopolitano
CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL

Elevemos, hermanos, nuestros ojos al Señor y esperemos, confiados, su ayuda salvífica respondiendo:

Escúchanos, Señor.

Escúchanos, Señor.

- Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está en sus normas e instituciones sino en dejarse llegar por el Espíritu, y no se anuncie a sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor.

- Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la alegría de haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de anunciarla a los demás. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor.

- Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los seres humanos, para que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor.

- Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen a construir un mundo mejor, más solidario, más justo y fraterno. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor.

- Por todos los pobres del mundo, para que, con nuestra fraternidad solidaria, seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus limitaciones. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor.

- Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la que se alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir nuestro amor a los demás. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor.

Dios, Padre nuestro, que, en Jesús de Nazaret, nuestro hermano, has hecho renacer nuestra esperanza de un cielo y una tierra nuevos; te pedimos que nos hagas apasionados seguidores de su Causa, de modo que sepamos transmitir a nuestros hermanos, con la palabra y con las obras, las razones de la esperanza que nos sostiene. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

ORACION POR LAS VOCACIONES

Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.

Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor te presentamos el pan y el vino que, convertidos en el cuerpo y la sangre de tu Hijo, servirán como Alimento que nos dará la fortaleza y sabiduría para seguirte Señor.
CANTO DE OFRENDAS

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.

De pie

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza y concédenos que, purificados por su eficacia, podamos ofrecerte el entrañable afecto de nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

Es justo y necesario

PREFACIO: La oración

Nos atrevemos, Señor, a dirigirte esta oración con humildad, reconociendo quiénes somos, pero con la confianza de saber que eres nuestro Padre.

Un día más, también hoy, queremos bendecir tu nombre. Nos duele el poco caso que habitualmente te hacemos. Deberías ser centro constante de nuestra atención. Es justo que respondamos con cariño a tu infinito amor.

Nuestra oración no puede consistir en pedirte gracias y dádivas, cuando vemos que peligra nuestra frágil barca. Nuestra plegaria ha de ser una pura acción de gracias por todo lo que ya nos has dado y por el misterio de tu presencia en nosotros.

Queremos proclamar ahora ante el mundo que eres bueno, que eres santo y nuestro Dios, santo y Señor de la tierra, que nos acompañas siempre y estás presente, Padre, en nuestras luchas y afanes por la implantación de tu Reino.

SANTO

Te agradecemos que te hayas revelado en Jesús, el mejor guía para llegar hasta Ti. Optamos por Jesús, porque tiene palabras de vida eterna, porque nos alegran y entusiasman sus buenas noticias, sabernos hijos tuyos queridos y el mensaje de que es posible otro mundo más humano.

Consagración del Pan y el Vino

Por eso. Padre, te suplicamos que santifiques por la efusión de Tu Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.

Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte. Señor, hasta que vuelvas.

Nos convence Jesús que pasó por la vida haciendo el bien, y predicando el amor fraterno, respaldando con buenos hechos sus buenas palabras.

Nos admira Jesús, que vivió en continua relación contigo, una constante oración que tradujo en una intensa vida de servicio.

Gracias, Padre santo, por el ejemplo maravilloso de Jesús cuya entrega hasta la muerte ahora rememoramos. El mismo ejemplo que siguieron María, virgen madre de Jesús, su esposo San José, los apóstoles, discípulos y mártires en el mundo entero.

Sabemos y proclamamos, Padre Dios, que tu hijo Jesús vivió, hasta sus últimas consecuencias, el espíritu de esa oración que nos enseñó a rezar. Por eso, queremos decirte hoy, más conscientemente... Padre nuestro. Y que este “nuestro” no sea excluyente ni elitista, que integre también a quienes viven en total abandono, comprometiéndonos a cuidar de ellos como hermanos.

Deseamos que en todas las lenguas del mundo sea respetado y bendecido tu nombre, cualquiera que sea el nombre con el que te invoquen. Queremos hacer juntos una tierra mejor que no explote a nadie y a todos alimente y que de esta forma se haga realidad tu reino soñado y se cumpla entre nosotros tu voluntad.

Revoluciona nuestra manera de ser y hacer. Ponemos en tus manos al Papa Francisco, a nuestro Obispo Carlos, a los Obispos de toda la Iglesia, presbíteros y diáconos y con ellos aprendamos de una vez a compartir nuestra casa y nuestro pan con quien sufre necesidad y pasa hambre. Como Tú de antemano nos perdonas, no queremos sentirnos ofendidos por ningún hermano.

Encauza nuestras energías por el camino del bien, y líbranos, Padre, a nosotros y a todos, de todo mal, de toda opresión e injusticia. Por Jesús, y en su compañía, te damos gracias y te bendecimos.

Amén.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Padre Nuestro
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Padre, líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de todo conflicto, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.
CORDERO

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Antes de recibir a Jesús Eucaristía, digamos juntos la Antífona de la Comunión.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 144, 15

Los ojos de todos esperan en ti, Señor; y tú les das la comida a su tiempo.

Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN

REFLEXIÓN

Digamos a una voz la siguiente oración: Tengo miedo Señor.

¡Tengo miedo, Señor!
Señor, hay nubes en el horizonte.
El mar está agitado.
Tengo miedo.

El recelo me paraliza la sangre.
Manos invisibles me tiran hacia atrás.
No me atrevo.

Una bandada de oscuras aves
está cruzando el firmamento.
¿Qué será?

Dios mío, di a mi alma:
Yo soy tu Victoria.

Repite a mis entrañas:
no temas yo estoy contigo.

Amén!

Ignacio Larrañaga

Avisos Parroquiales
AVISOS PARROQUIALES
  • Rosario en las casas
  • Nichos de cenizas.
  •  

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    De pie
    ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    Renovados Señor, por el alimento del sagrado Cuerpo y la preciosa Sangre de tu Hijo, concédenos que lo que realizamos con asidua devoción, lo recibamos convertido en certeza de redención.

    Amén.

    RITO DE CONCLUSIÓN

    El Señor esté con ustedes

    Y con tu espíritu

    La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

    Amén

    MOTIVACIÓN A LA SALIDA

    Vamos a vivir con alegría el poder del amor que nos tiene Jesús nuestro Señor.

    Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

    Demos gracias a Dios.

    CANTO DE SALIDA

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