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XIV Domingo Ordinario

04 de julio de 2021
XIV Domingo Ordinario
MONICIÓN DE ENTRADA
Queridos hermanos, porque creemos en Dios y tenemos nuestra confianza en él estamos hoy reunidos en su casa para compartir el banquete eucarístico. El panorama de incredulidad que nos presentan las lecturas de hoy, debe servirnos para incrementar nuestra fe. Por eso comencemos poniendo todo nuestro empeño en vivir a plenitud esta santa misa.

De pie.
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 47,10-11
Meditamos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Tu alabanza llega hasta los confines de la tierra como tu fama. Tu diestra está llena de justicia.
Canto de entrada

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
SALUDO
El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
(Silencio)

Tú que eres el camino que conduce al Padre:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Tú que eres la verdad que ilumina los pueblos:

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Tú que eres la vida que renueva el mundo:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén
GLORIA

ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo reconstruiste el mundo derrumbado, concede a tus fieles una santa alegría, para que, a quienes rescataste de la esclavitud del pecado, nos hagas disfrutar del gozo que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén
Tomen asiento daremos inicio a la:
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Ezequiel recuerda el origen de su misión y justifica así su predicación: ha sido Dios quien le ha enviado a un pueblo obstinado en su rebeldía y quien le ha puesto sobre aviso. Es un pueblo que no escucha.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, hizo que me pusiera en pie y oí una voz que me decía:

"Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí. Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy. También sus hijos son testarudos y obstinados. A ellos te envió para que les comuniques mis palabras. Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos".

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL SALMO
El salmista se pone de la parte del profeta al que no le hacen caso, pero no pierde la esperanza, y pide a Dios que le ayude en esos momentos tan críticos. Nosotros también clamamos a Dios diciendo:
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 122
Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Ten piedad de nosotros, ten piedad.

En ti, Señor, que habitas en lo alto,
fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos
en las manos de su señor, los siervos.

Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Así como la esclava en su señora
tiene fijos los ojos,
fijos en el Señor están los nuestros,
hasta que Dios se apiade de nosotros.

Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Ten piedad de nosotros, ten piedad,
porque estamos, Señor, hartos de injurias;
saturados estamos de desprecios,
de insolencias y burlas.

Ten piedad de nosotros, ten piedad.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo confiesa a los Corintios las "debilidades" que experimenta en su vida, fortalecido siempre por la esperanza en la ayuda de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7-10

Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él me ha respondido: "Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".

Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
Después de resucitar a la hija de Jairo, en Cafarnaún, Jesús va a su pueblo, Nazaret. Allí se encuentra con una acogida fría de un pueblo incrédulo.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc. 4, 18
Aleluya, Aleluya
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:

"¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?". Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Tomen asiento
HOMILÍA


Sabio y curador

No tenía poder cultural como los escribas. No era un intelectual con estudios. Tampoco poseía el poder sagrado de los sacerdotes del templo. No era miembro de una familia honorable ni pertenecía a las élites urbanas de Séforis o Tiberíades. Jesús era un obrero de la construcción de una aldea desconocida de la Baja Galilea.

No había estudiado en ninguna escuela rabínica. No se dedicaba a explicar la ley. No le preocupaban las discusiones doctrinales. No se interesó nunca por los ritos del templo. La gente lo veía como un maestro que enseñaba a entender y vivir la vida de manera diferente.

Según Marcos, cuando Jesús llega a Nazaret acompañado por sus discípulos, sus vecinos quedan sorprendidos por dos cosas: la sabiduría de su corazón y la fuerza curadora de sus manos. Era lo que más atraía a la gente. Jesús no es un pensador que explica una doctrina, sino un sabio que comunica su experiencia de Dios y enseña a vivir bajo el signo del amor. No es un líder autoritario que impone su poder, sino un curador que sana la vida y alivia el sufrimiento.

Sin embargo, las gentes de Nazaret no lo aceptan. Neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. No se dejan enseñar por él ni se abren a su fuerza curadora. Jesús no logra acercarlos a Dios ni curar a todos, como hubiera deseado.

A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos ayude a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Cuando uno se acerca a Jesús, no se siente atraído por una doctrina, sino invitado a vivir de manera nueva.

Por otra parte, para experimentar su fuerza salvadora es necesario dejarnos curar por él: recuperar poco a poco la libertad interior, liberarnos de miedos que nos paralizan, atrevernos a salir de la mediocridad. Jesús sigue hoy «imponiendo sus manos». Solo se curan quienes creen en él.

Nos ponemos de pie
Credo Niceno-Constantinopolitano
CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL

Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras súplicas y acoja nuestras peticiones. Digamos confiadamente:

Te rogamos, Señor.

Te rogamos, Señor.

• Por la Iglesia, especialmente por el Papa Francisco, para que su voz profética sea escuchada y acogida por todos los hombres, oremos al Señor.

Te rogamos, Señor.

• Para que todos trabajemos por construir la paz en el mundo. Oremos al Señor.

Te rogamos, Señor.

• Por todos los que sufren, para que comprendan que en su debilidad triunfa el poder de Cristo, oremos al Señor.

Te rogamos, Señor.

• Por nosotros, para que escuchando la Palabra de Dios con corazón noble y bueno, produzcamos abundantes frutos de santidad, oremos al Señor.

Te rogamos, Señor.

ORACION POR LAS VOCACIONES

Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.

Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Con las ofrendas del pan y el vino, ofrezcamos también al Señor nuestras dudas, para que Él nos regale una fe profunda
CANTO DE OFRENDAS

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.

De pie

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

La oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique, y nos haga participar, de día en día, de la vida del reino glorioso. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

Es justo y necesario

PREFACIO: Nuestra misión

Te reconocemos, Señor, como el creador de todo el universo. Tú eres el Dios de la vida, el Dios de toda la humanidad, pero eres sobre todo un Padre bueno para nosotros, que nos amas a todos, sin distinciones, sin esperar nada a cambio.

Gracias, Padre santo. Apenas llegamos a comprender tu infinita generosidad, porque nuestros patrones de actuación son siempre interesados. Pero querríamos aumentar nuestra fe en Ti, convencernos íntimamente de tu amor, confiar en ti sin reservas.

Sabemos que no quieres nada para ti, que nuestra mejor forma de agradecerte tanto cariño es amando a todos tus hijos como a hermanos. Y eso queremos hacer. Permítenos, Señor, que entonemos ahora en tu honor este sencillo canto de alabanza.

SANTO

Debemos agradecerte muy especialmente, Padre Dios, el paso por nuestra historia de tu Hijo Jesús de Nazaret, que nos ha acercado a Ti y nos ha dado ejemplo concreto de vida.

Tenemos muy en cuenta su actitud de ayudar, de consolar, de liberar. Cuando nos reunimos en su nombre, sentimos su presencia entre nosotros. Queremos decirle como Pedro: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te queremos. Y recordamos como dicha para nosotros su invitación a seguirle.

Nuestro ideal es ser como Jesús, libres de espíritu, pero buenos y generosos con todos. Este es el momento de rememorar su entrega total, este es el momento de comprometernos a imitarle, es el momento de celebrarlo repitiendo estos gestos y palabras.

Consagración del Pan y el Vino

Por eso te suplicamos Señor que derrames tu Santo Espíritu sobre estos dones de Pan y Vino y así se nos conviertan en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo Jesús, nuestro Señor.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección ¡Ven Señor Jesús!

Queremos, Padre santo y bueno, continuar la misión de Jesús, misma que continuaron su madre la Virgen María, su esposo San José, los discípulos y todos los santos y mártires quienes se dieron a la tarea de liberar a este mundo de sus egoísmos, de toda opresión e injusticia, promover mejores sentimientos en el corazón de todos los humanos, para que todos nos sintamos hermanos, compañeros y amigos y marchemos juntos, con un mismo espíritu y en la misma dirección, para hacer realidad la utopía de tu reino universal.

Hoy, guiados por el Papa Francisco, por nuestro nuestro Obispo Carlos y por todos los pastores que cuidan a tu pueblo; queremos decirte con toda verdad la oración del padrenuestro: Padre nuestro que estás en todos nosotros, bendito sea tu nombre, queremos implantar tu reinado en el mundo, y cumplir así tu voluntad; nos proponemos repartir nuestro pan entre todos, perdonar a cuantos nos ofendan, superar nuestras tentaciones y hacer siempre el bien.

Queremos agradecerte por todos nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, seguros de que ya gozan de tu Gloria.

Amén

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN

Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Padre Nuestro
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Padre, líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de todo conflicto, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
Dense fraternalmente la paz.
CORDERO

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Antes de recibir a Jesús Eucaristía, digamos juntos la Antífona de la Comunión.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 17, 20-21

Vengan a mi todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré, dice el Señor.

Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN

REFLEXIÓN

Unámonos en una voz y digamos con fe: QUIERO SER PROFETA CONTIGO SEÑOR

Viniste, Señor, y los tuyos
no te recibieron y te rechazaron.
Dinos entonces, Jesús,
cual es el secreto para ser profeta
sin tener miedo al qué dirán
o sin temor a ser crucificado.
Dinos entonces, Señor,
como mantenernos despiertos
en un mundo que pretende dormirnos.
Dinos entonces, Cristo,
como seguir anunciando tu nombre
sin riesgo a sentirnos
perdidos o rechazados.
Dinos entonces,
Tú el más grande de los Profetas,
cómo llevar la esperanza, la paz
el nombre de Dios, la fuerza del Espíritu
a tantas puertas que se cierran
como única respuesta.

Amén

Javier Leoz

Avisos Parroquiales
AVISOS PARROQUIALES
  • Rosario en las casas.
  • Nichos de cenizas. Informes en la oficina.
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    De pie
    ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    Señor, que nos has colmado con tantas gracias, concédenos alcanzar los dones de la salvación y que nunca dejemos de alabarte.

    Amén.

    RITO DE CONCLUSIÓN

    El Señor esté con ustedes

    Y con tu espíritu

    La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

    Amén

    MOTIVACIÓN A LA SALIDA

    Vayamos a reconocer el amor de Dios, en el otro.

    Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

    Demos gracias a Dios.

    CANTO DE SALIDA

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