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XIX Domingo Ordinario

08 de agosto de 2021
XIX Domingo Ordinario
MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos todos al banquete de Jesús, a la fiesta de los hijos de Dios, a la asamblea de los que se alimentan de Jesucristo. Jesucristo se nos presenta no sólo como maestro sino como alimento. Demos gracias y alabanzas a Dios Padre que nos abre los ojos del corazón para reconocerle en las cosas sencillas como el pan. Nos ponemos de pie y a una voz decimos la antífona de entrada.
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 73,20.19,22.23
Acuérdate, Señor de tu alianza, no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa, no olvides las voces de los que te buscan.
Canto de entrada

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
SALUDO
El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
(Silencio)

Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Tú que has venido a llamar a los pecadores:

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén
GLORIA

ORACIÓN COLECTA
Dios todo poderoso y eterno, a quien, enseñados por el Espíritu Santo, invocamos con el nombre del Padre, intensifica en nuestros corazones, el espíritu de hijos adoptivos tuyos para que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén
Tomen asiento daremos inicio a la:
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Elías se siente tan cansado y desanimado que desea morir. Tú yo también nos hemos sentido alguna vez así. Pero si invocamos al Señor él nos ayuda con su palabra y con su pan para poder hacer el camino de la vida. Como Elías caminemos a la montaña de Dios.
Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
Del primer libro de los Reyes 19, 4-8

En aquellos tiempos, caminó Elías por el desierto un día entero y finalmente se sentó bajo un árbol de retama, sintió deseos de morir y dijo: "Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres". Después se recostó y se quedó dormido.

Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo: "Levántate y come". Elías abrió los ojos y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y un jarro de agua. Después de comer y beber, se volvió a recostar y se durmió.

Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó y le dijo: "Levántate y come, porque aún te queda un largo camino". Se levantó Elías. Comió y bebió. Y con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL SALMO
Con el salmo 33 alabemos al Señor, dirigidos por el coro
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 33
Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.
Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.

Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo.

Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.

Proclamemos la grandeza del Señor
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor,
me hizo caso y me libró de todos mis temores.

Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.

Confía en el Señor y saltarás de gusto;
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libras de todas sus angustias.

Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.

Junto a aquellos que temen al Señor
el ángel del Señor acampa y los protege.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Dichoso el hombre que se refugia en él.

Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos exhorta a vivir como hermanos en la comunidad siguiendo el camino del amor. El Espíritu Santo, nuestro sello y guía. Seamos fieles al Espíritu. Él es el dulce huésped de nuestras almas. Escuchemos con atención.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 30-5,2

Hermanos: No le causen tristeza al Espíritu Santo, con el que Dios los ha marcado para el día de la liberación final.

Destierren de ustedes la aspereza, la ira, la indignación, los insultos, la maledicencia y toda clase de maldad. Sean buenos y comprensivos, y perdónense los unos a los otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.

Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
Hoy vamos a escuchar juntos al Señor. Estamos llamados a entender y creer en Jesús, no porque sí, sino porque el Padre nos va a ayudar a descubrir la presencia de Jesús en la Eucaristía. Escuchemos la proclamación del Evangelio. Pero antes, de pie, por favor, para cantar el aleluya.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 6, 51
Aleluya, Aleluya
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor, el que coma de este pan vivirá para siempre.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Del santo Evangelio según san Juan 6, 41-51
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo" Y decían: "¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?". Jesús les respondió:

"No murmuren. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre. Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida''.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Tomen asiento
HOMILÍA


Saber servir

Cuántas veces lo hemos escuchado: «Lo que verdaderamente importa es saber vivir». Y, sin embargo, no nos resulta nada fácil explicar qué es en verdad «saber vivir». Con frecuencia, nuestra vida es demasiado rutinaria y monótona. De color gris. Pero hay momentos en que nuestra existencia se vuelve feliz, se transfigura, aunque sea de manera fugaz. Momentos en los que el amor, la ternura, la convivencia, la solidaridad, el trabajo creador o la fiesta adquieren una intensidad diferente. Nos sentimos vivir. Desde el fondo de nuestro ser nos decimos a nosotros mismos: «Esto es vida».

El evangelio de hoy nos recuerda unas palabras de Jesús que nos pueden dejar un tanto desconcertados: «Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna». La expresión «vida eterna» no significa simplemente una vida de duración ilimitada después de la muerte.

Se trata, antes que nada, de una vida de profundidad y calidad nuevas, una vida que pertenece al mundo definitivo. Una vida que no puede ser destruida por un bacilo ni quedar truncada en el cruce de cualquier carretera. Una vida plena que va más allá de nosotros mismos, porque es ya una participación en la vida misma de Dios.

La tarea más apasionante que tenemos todos ante nosotros es la de ser cada día más humanos, y los cristianos creemos que la manera más auténtica de vivir humanamente es la que nace de una adhesión total a Jesucristo. «Ser cristiano significa ser hombre, no un tipo de hombre, sino el hombre que Cristo crea en nosotros» (Dietrich Bonhoeffer).

Quizá tengamos que empezar por creer que nuestra vida puede ser más plena y profunda, más libre y gozosa. Quizá tengamos que atrevernos a vivir el amor con más radicalidad para descubrir un poco qué es «tener vida abundante». Un escrito cristiano se atreve a decir: «Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida cuando amamos a nuestros hermanos» (1 Juan 3,14).

Pero no se trata de amar porque nos han dicho que amemos, sino porque nos sentimos radicalmente amados. Y porque creemos cada vez con más firmeza que «nuestra vida está oculta con Cristo en Dios». Hay una vida, una plenitud, un dinamismo, una libertad, una ternura que «el mundo no puede dar». Solo lo descubre quien acierta a arraigar su vida en Jesucristo.

Nos ponemos de pie
Credo Niceno-Constantinopolitano
CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos, la Palabra que hemos proclamado hoy nos invita a una vida con más profundidad, con una nueva calidad, con y desde los valores encarnados en Jesús de Nazaret. Oremos a una voz:

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

• Que nuestra Iglesia sea audaz en su renovación, no ponga su empeño en conservar sino en ser referencia evangélica en medio del mundo y de la historia.

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

• Que los cristianos vivamos la fe de manera más realista y humilde, con gozo y agradecimiento, desde el compromiso y la implicación social en favor de los más desfavorecidos.

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

• Que todas nosotras y nosotros nos atrevamos a vivir evangélicamente, ofreciendo libertad, acogida, ternura, respeto en la diversidad y la vida en plenitud a la que somos convocados en Jesús.

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

• Que en nuestras comunidades parroquiales y religiosas sea verdad la vida partida y compartida, la opción por los pobres del Reino y el compromiso con una sociedad más justa y en paz.

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

• Que cuantos disfrutamos en estos días de nuestras vacaciones recordemos a quienes no las pueden disfrutar y seamos solidarios en tiempo y bienes con los que nos necesitan.

Queremos vivir como discípulos de Jesús.

Padre bueno, que seamos capaces de enfrentarnos a la vida con sinceridad total, dejándonos guiar siempre por tu mano amorosa, viviendo conscientemente enraizados en tu hijo Jesús, nuestro hermano y maestro.

ORACION POR LAS VOCACIONES

Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.

Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te ofrecemos vino y pan…
CANTO DE OFRENDAS

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.

De pie

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te rogamos, Señor, que este sacrificio, que en el altar de la cruz borro el pecado del mundo entero, nos purifique de todas nuestras ofensas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

Es justo y necesario

PREFACIO: Pan Eucarístico

Humildemente, confiadamente, como recomendados de tu hijo Jesús, nos dirigimos a ti, Dios y Padre nuestro. Queremos ser conscientes de la trascendencia de nuestras palabras, porque, aun reconociendo nuestra infinita pequeñez, creemos que realmente nos escuchas.

Lo primero que queremos decirte, Señor, es que te agradecemos la vida que nos has dado y disfrutamos. Sabemos que nos amas más de lo que nuestra mente es capaz de percibir. Gracias, Padre.

Y aunque no necesites nuestras alabanzas, queremos demostrarte nuestro cariño y agradecimiento con este canto de bendición que entonamos juntos todos tus hijos.

SANTO

Verdaderamente es justo y obligado darte las gracias porque nos has dado como hermano y guía a Jesús de Nazaret. Estamos reunidos, como tantos otros domingos, alrededor de una mesa, pero hoy cobra un sentido especial por ser la fiesta solemne de la eucaristía.

Querríamos, Señor y Padre nuestro, recibir ahora una bendición especial tuya, para que esta celebración nos impacte, nos ayude a comprender mejor el ejemplo de Jesús y nos lleve a moldear nuestra mente y a cambiar nuestra actitud.

Queremos ser más conscientes que nunca de su verdadero sentido. No esperamos en este momento, ningún milagro, nadie va a pronunciar palabras mágicas. Sólo estamos rememorando la última cena que celebró Jesús con sus amigos.

Cuando él trató de enseñarles cómo debían entregarse al servicio de los demás les dejó una imagen gráfica fácil de recordar, la de un pan partido y repartido en trozos a cada amigo o la de una copa de vino de la que todos bebieron.

Consagración del Pan y el Vino

Por eso te pedimos Padre santo, que envíes tu Espíritu sobre este pan y este vino, para que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, tu Hijo nuestro Señor.

Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, tomó el cáliz lleno del fruto de la vid, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entregó por nosotros.

Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

Jesús no fue hombre de ritos. Cuando nos dijo "hagan esto en mi memoria", no quiso instituir ningún acto de culto, sino invitarnos a imitar su entrega a los demás. Este es el significado de lo que acabamos de realizar.

Jesús quiere que recordemos su vida, su muerte y resurrección, poniendo al servicio de los demás todo lo que somos, nuestra vida.

Celebrar una eucaristía nos incita a comprometernos a ser fermentos de unidad y de armonía entre los hermanos. Queremos extender tu Reino, guiados por el Papa Francisco, por nuestro Obispo Carlos, sus Obispo auxiliares y por todos los Obispos del mundo, presbíteros y diáconos, religiosas y laicos comprometidos, para que sean verdaderamente felices todos los seres humanos sin excepción. Te prometemos que este va a ser nuestro principal objetivo en la vida.

Dios Padre que estás en el cielo, rodeado de todos los santos y mártires, de Maria la Virgen madre de Jesús y de San José su esposo y que nos esperas a todos nosotros, te damos gracias una vez más por cuanto haces de continuo por la comunidad de los creyentes y por todos los hombres de buena voluntad.

Nos acordamos también de los hermanos y hermanas que no están ya entre nosotros, pero que con seguridad disfrutan ya de tu compañía. Bendito seas, Padre santo, queremos honrarte como mejor sabemos, y agradecerte que Jesús haya formado parte de nuestra historia.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Padre Nuestro
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Padre, líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de todo conflicto, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.
CORDERO

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Antes de recibir a Jesús Eucaristía, digamos juntos la Antífona de la Comunión.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN

El pan que yo les daré, es mi carne para la vida del mundo, dice el Señor.

Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN

REFLEXIÓN

Después de haber comulgado reflexionemos con la siguiente oración decimos juntos:

JESÚS, DANOS CORAJE

Jesús, danos coraje
para no dejarnos comer el «coco»
por los «ídolos» que buscan seducir hoy a la juventud,
absolutizando el consumismo, el dinero, el sexo, el tener y el placer.
Jesús, danos coraje
para dignificar más y más al hombre,
que Tú creaste a tu imagen y semejanza,
haciéndolo -por pura y graciosa iniciativa tuya-
hijo de Dios y templo vivo del Espíritu.
Jesús, danos coraje
para no dejarnos abatir por el derrotismo,
que cierra la puerta de la ilusión, a los grandes ideales, al esfuerzo,
y nos impide ser actores y autores de nuestro proyecto personal.
Jesús, danos coraje
para descubrir nuestra «verdadera juventud»,
que deseamos fundamentar sobre la reflexión diaria,
el esfuerzo, los valores
y la alegría de compartir.

Avisos Parroquiales
AVISOS PARROQUIALES

 

Más información en la página web

 

 

 

De pie
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La comunión de tus sacramentos que hemos recibido, Señor, nos salven y nos confirmen en la luz de tu verdad.

Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

El Señor esté con ustedes

Y con tu espíritu

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

Amén

MOTIVACIÓN A LA SALIDA

Vayamos a seguir el ejemplo de Jesús.

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

Demos gracias a Dios.

CANTO DE SALIDA

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