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La Santísima Trinidad

30 de mayo de 2021
La Santísima Trinidad
MONICIÓN DE ENTRADA
Hemos reiniciado ya el tiempo ordinario continuando con la IX semana. El misterio de la Trinidad es uno de los más profundos de nuestra fe y una dimensión de Dios que Jesús de Nazaret nos enseñó. Nuestro Dios es trinitario, no es Dios solitario. Es un Dios “con familia”, surgida de un acto infinito de amor, porque Dios es amor. La festividad de la Trinidad en la Iglesia es antigua, procede del siglo X, y que en 1331 se incluyó en el calendario romano con materiales litúrgicos muy parecidos a los que hoy empleamos.
Recibamos a Jesucristo en la persona del sacerdote poniéndonos de pie.
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA
Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso.
Canto de entrada

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
SALUDO
La Gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
(Silencio)

Señor, ten misericordia de nosotros.

Porque hemos pecado contra ti.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Y danos tu salvación.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén
GLORIA

ORACIÓN COLECTA
Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén
Tomen asiento daremos inicio a la:
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
En la primera lectura, escucharemos un extracto de las llamadas “Exhortaciones de Moisés”. Los autores del libro de Deuteronomio las han puesto en boca de Moisés para insistir en la necesidad y conveniencia de adherirnos a las leyes y mandamientos del Señor como medio para estar en comunión con Él.
Escuchemos con atención.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Pregunta a los tiempos pasados, investiga desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra. ¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, una cosa tan grande como ésta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído sin perecer, que Dios le hable desde el fuego, como tú lo has oído? ¿Hubo algún dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas, de milagros y de guerras, con mano fuerte y brazo poderoso? ¿Hubo acaso hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por ustedes en Egipto el Señor su Dios?

Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro. Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia, y para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre".

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL SALMO
Con alegría respondamos a la propuesta de esta lectura y digamos a una voz con el coro
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 32
Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
Él ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.

Dichoso el pueblo escogido por Dios.

La palabra del Señor hizo los cielos
y su aliento, los astros;
pues el Señor habló y fue hecho todo;
lo mandó con su voz y surgió el orbe.

Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.

Dichoso el pueblo escogido por Dios.

En el Señor está nuestra esperanza,
pues Él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado.

Dichoso el pueblo escogido por Dios.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos presenta a un Espíritu Santo vivo, con una actividad inspiradora que nos orienta a vivir en la nueva condición plena de Hijos, que el Señor nos ha dado. El amor del Padre, que nos ha salvado por medio de su Hijo, nos entrega su Espíritu como motor y guía de nuestra vida.
Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos Rm 8, 14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios. El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con Él para ser glorificados junto con Él.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
La vocación innata de la Iglesia es la de hacer discípulos, no como maestra sino como testigo de la muerte y resurrección de nuestro Señor. Abramos, pues nuestra mente y nuestro corazón como verdaderos y permanentes discípulos para acoger la Palabra vivificante del Señor.
Nos ponemos de pie.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO cfr. Ap 1, 8
Aleluya, Aleluya
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Tomen asiento
HOMILÍA


¿Cómo se comunicaba Jesús con Dios?, ¿qué sentimientos se despertaban en su corazón?, ¿cómo lo experimentaba día a día? Los relatos evangélicos nos llevan a una doble conclusión: Jesús sentía a Dios como Padre, y lo vivía todo impulsado por su Espíritu.

Jesús se sentía «hijo querido» de Dios. Siempre que se comunica con él lo llama «Padre». No le sale otra palabra. Para él, Dios no es solo el «Santo» del que hablan todos, sino el «Compasivo». No habita en el templo, acogiendo solo a los de corazón limpio y manos inocentes. Jesús lo capta como Padre que no excluye a nadie de su amor compasivo. Cada mañana disfruta porque Dios hace salir su sol sobre buenos y malos.

Ese Padre tiene un gran proyecto en su corazón: hacer de la tierra una casa habitable. Jesús no duda: Dios no descansará hasta ver a sus hijos e hijas disfrutando juntos de una fiesta final. Nadie lo podrá impedir, ni la crueldad de la muerte ni la injusticia de los hombres. Como nadie puede impedir que llegue la primavera y lo llene todo de vida.

Fiel a este Padre y movido por su Espíritu, Jesús solo se dedica a una cosa: hacer un mundo más humano. Todos han de conocer la Buena Noticia, sobre todo los que menos se lo esperan: los pecadores y los despreciados. Dios no da a nadie por perdido. A todos busca, a todos llama. No vive controlando a sus hijos e hijas, sino abriendo a cada uno caminos hacia una vida más humana. Quien escucha hasta el fondo su propio corazón le está escuchando a él.

Ese Espíritu empuja a Jesús hacia los que más sufren. Es normal, pues ve grabados en el corazón de Dios los nombres de los más solos y desgraciados. Los que para nosotros no son nadie, esos son precisamente los predilectos de Dios. Jesús sabe que a ese Dios no le entienden los grandes, sino los pequeños. Su amor lo descubren quienes le buscan, porque no tienen a nadie que enjugue sus lágrimas.

La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.

Nos ponemos de pie
Credo Niceno-Constantinopolitano
CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL

Hermanos y hermanas, Dios es familia, relación, vinculación de amor y un amor vivo y creativo. A nosotros nos toca proclamar y ser cauce de esa trascendencia. Oremos a una voz:

Queremos ser cauce de amor y bien.

Queremos ser cauce de amor y bien.

• Que la Iglesia escuche la invitación de Jesús a volver al principio, escuche con novedad sus enseñanzas y se sienta nuevamente llamada e invitada a proclamar la Buena Noticia hoy, en el mundo y para el mundo de hoy.

Queremos ser cauce de amor y bien.

• Que los creyentes seamos discípulos, cultivemos nuestra habitación interior y vivamos con responsabilidad nuestro compromiso de fe que nos lanza a ser Buena Noticia junto a los que más lo necesitan.

Queremos ser cauce de amor y bien.

• Que todos nosotros seamos fuente de amor, de libertad, de perdón, de acogida, de paz, de bendición.

Queremos ser cauce de amor y bien.

• Que dejemos al Espíritu vivificar nuestras comunidades de fe y nos ayudemos unos a otros a respetar el ritmo de la vida, a recorrer nuestro propio camino con sus gozos y tristezas, sus logros y fracasos.

Queremos ser cauce de amor y bien.

• Que nuestro anhelo de una humanidad hermanada nos anime en lo cotidiano con actitudes que incluyan, que favorezcan el respeto y la dignidad del otro, que construyan la justicia y la paz, el cuidado de la Madre Tierra.

Queremos ser cauce de amor y bien.

Padre Madre buena, que acertemos a romper nuestros muros, para seguir a tu Hijo, para descubrir lo que somos y lo que estamos llamados a ser. Te damos las gracias por tu aliento de vida y tu mirada amorosa.

Amén.

ORACION POR LAS VOCACIONES

Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.

Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios que es Uno y Trino llama a su pueblo a vivir en unidad. Ofrezcamos nuestros lazos de hermandad cristiana, con las ofrendas de pan y vino.
CANTO DE OFRENDAS

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.

De pie

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

Es justo y necesario

PREFACIO: Santísima Trinidad: Misterio de Dios

Es nuestra obligación, Señor y Dios nuestro, darte gracias por todo y bendecirte, pero lo hacemos de corazón, con alegría y satisfacción, particularmente hoy que celebramos tu festividad.

Reconocemos que apenas sabemos de Ti, que sigues siendo el inefable, por mucho que se hayan esforzado por definirte teólogos y concilios.

Pero creemos como cierto que eres el Creador del universo, que estás en todo, también en nosotros, comunicándonos la vida. Creemos que todo en Ti es amor y bondad, y mereces que te llamemos Padre y Madre. Por eso, no podemos temerte sino quererte y fiarnos de Ti.

En este momento, Padre nuestro, nos unimos a todos tus hijos, sintiendo que somos todos hermanos de un mismo Padre, para entonar juntos y en tu honor este himno de alabanza.

SANTO

Gracias, Padre santo, te damos infinitas gracias por Jesús de Nazaret, hijo tuyo muy especial, que nos ha revelado cuanto sabemos de Ti.

En su vida, en su amor, en su palabra te hemos visto encarnado. Te has manifestado en Jesús y conociéndole te hemos conocido. En la persona de Jesús te has hecho próximo a nosotros, y por eso sentimos que nos acompañas en nuestro camino.

Jesús ha hecho posible que te tratemos con naturalidad y cariño. Gracias una vez más por su ejemplo de vida que nos ilumina y también nos compromete y nos obliga a entregarnos por completo a los hermanos.

Consagración del Pan y el Vino

Por eso te suplicamos Señor que derrames tu Santo Espíritu sobre estos dones de Pan y Vino y así se nos conviertan en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo Jesús, nuestro Señor.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.

Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte. Señor, hasta que vuelvas.

Este recuerdo de la vida que nos regaló Jesús, nos motiva para hacer realidad entre nosotros lo que fue su único objetivo vital, implantar tu reino, hacer un mundo más humano.

Necesitamos, Padre, contar con tu Espíritu, sentir el impulso de tu fuerza, el calor de tu compañía, saber y sentir que no estamos solos, vivir que tu Espíritu ya vive en nosotros.

No podemos bajar los brazos y darnos por vencidos. Unidos en comunión profunda con el Papa Francisco, con nuestro Obispo Carlos, con los demás Obispos, presbíteros y diaconos; con el laicado comprometido en la evangelización, aunque esta lucha se haga cada día más complicada, porque no queremos otra cosa que lo que quieres Tú.

Danos fe en Ti, Señor, sabiendo que la Virgen María madre de Jesucristo, san José su esposo y todos los santos y mártires interceden por nosotros, y con mucha fe en todos los seres humanos, creyentes o no, que pelean por tu reino, un reino sin fronteras ni pasaportes, en el que todos nos hemos de sentir hermanos.

Movidos por tu Espíritu, alentados con la cercanía de Jesús, te pedimos por el feliz descanso de nuestros hermanos difuntos. Padre Dios brindamos en tu honor, ahora y siempre.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN

Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Padre Nuestro
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Padre, líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de todo conflicto, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
En el Espíritu de Cristo resucitado, démonos fraternalmente la paz.
CORDERO

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Dispongámonos a recibir a Jesús Eucaristía, pero antes digamos juntos la antífona de la comunión.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Ga 4, 6

Porque ustedes son hijos de Dios, Dios infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre.

Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN

REFLEXIÓN

Oremos intensamente al Señor y proclamemos a una voz: ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Tú, DIOS, eres amor
Amor que se hizo hombre en Belén Amor que se hizo Palabra desde antiguo
Amor que compartió nuestra vida.

Tú, DIOS, eres amor
Amor que subió a la cruz
Amor que se desangró en la cruz
Amor que hizo todo por salvarnos

Tú, DIOS, eres amor
Amor que es una familia de tres
Amor que es PADRE
Amor que es HIJO
Amor que es ESPÍRITU

Tú, DIOS, eres amor
Amor que nunca engaña
Amor que siempre une
Amor que sale y encuentra

Tú, DIOS, eres amor
Amor de tres personas distintas
Amor de tres personas que se aman
Amor de tres personas que nos aman
Amor de tres personas que viven para que vivamos
Tú, Dios, eres amor

Avisos Parroquiales
AVISOS PARROQUIALES

 

Más información en la página web

 

 

 

De pie
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la Trinidad santa y eterna, y en su unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación del cuerpo y el alma.

Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

El Señor esté con ustedes

Y con tu espíritu

BENDICIÓN SOLEMNE

Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie su corazón y su inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Amen.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

Amén

MOTIVACIÓN A LA SALIDA

Con la alegría de sabernos amados por la Santísima Trinidad, volvamos a casa y testifiquemos su amor.

Vayamos con alegría a vivir nuestra fe.

Demos gracias a Dios.

CANTO DE SALIDA

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